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Cosas que jamás comprenderé.

9 de septiembre de 1.999

Aquella pregunta era como un insulto. Si hubo un tiempo en el que la virginidad pudo considerarse como una virtud, especialmente en las mujeres, para el joven oírse llamar virgen a su edad- se consideraba ya todo un hombrecito- resultaba tan molesto como ser pillado por su madre haciendo cosas guarras en el retrete. Cuando la colombiana le condujo de la mano hasta el lecho el joven procuró no mirarla, tan avergonzado que el aparato se estaba deshinchando a ojos vistas. Antes de hacer nada ella extendió su mano derecha y como él se quedara mirando, pasmado, la mujer comenzó a reírse cariñosamente.

-¿No pensarás que lo vas a hacer gratis?.

Al fin comprendió. Se dirigió a la desvencijada silla donde ella había arrojado su ropa de cualquier manera y hurgando en el bolsillo del pantalón sacó un billetero de cuero, muy gastado. Tuvo que contar los billetes dos veces porque con el azoramiento se equivocó la primera vez. Le tendió el dinero con rapidez, mirando para otra parte, como si pensara que si lograba olvidarse del dinero no le costaría imaginarse que aquella hermosa mujer, había sido seducida por su juventud.

-¿No quieres un extra?. ¿Qué te parece un francés?... Veo que no me entendés. ¿Una mamada?. ¿Te gustaría que te hiciese una buena mamada?. Son mil quinientas más. De verdad que te va a gustar mucho.

El joven pensó que estaría bien contentar a la argentina, uruguaya o lo que fuera, la primera vez. Estaba muy buena y era más cariñosa de lo que había imaginado podría ser una puta. Deseaba volver más veces y acostarse siempre con ella. Por el dinero no había problema porque había sacado del banco todo lo que tenía en su cuenta corriente, pensando en la posibilidad de quedarse toda la noche. Ahora no se atrevía a proponérselo, visto el ajetreo que se traían en aquella casa, pero al menos se permitiría el lujo de una buena mamada. En sus fantasías había visto muchas veces la cabeza de una hermosa mujer subiendo y bajando sobre su polla. Era la ocasión de probar si era tan bueno como parecía.

-Toma. ¿Puedo pedir otro extra?.

-¡Uy el papito, cómo se anima!. Claro que puedes, coração. Por detrás serían otras cinco mil.

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